Problemas de pareja, qué hacer

La inclinación a no enfrentar los problemas puede variar según la experiencia, madurez, circunstancias y la percepción de manejo que tengamos frente a éste. Puede ocurrir en cualquier ámbito: profesional, laboral, familiar o pareja. En este último, se instala como una práctica que encuentra justificaciones en la falta de tiempo, en el cansancio, en la necesidad de atender a los hijos o en el trabajo que se extiende más allá de la jornada laboral ordinaria. Pero también, si miramos con más detenimiento, no abordar los problemas de pareja es un fenómeno que a menudo proviene del miedo, la falta de herramientas o experiencias pasadas negativas, más que de la falta de amor. Igualmente, la evitación de conflictos es un mecanismo de defensa para mantener una paz artificial.

Los riesgos de no estar dispuestos a conversar para solucionar los problemas, mientras se vive una aparente paz artificial, provoca un silencioso malestar emocional que desgasta la relación y, en no pocas ocasiones perturba la salud mental de los hijos. Este malestar que crece con el tiempo, contamina y modifica la expectativa inicial que teníamos de la otra persona y de la relación. La disposición y actuación cotidiana también cambian, en algunos casos, se produce un distanciamiento afectivo que agrega paulatinamente un descontento profundo. En este nivel, uno de los dos comienza a rechazar al otro. A veces, lo hace para manifestar su enojo; otras, porque la molestia inicial se ha transformado en un comportamiento insidioso que inhibe su disponibilidad para el contacto afectivo y, más pronto que tarde, para el deseo íntimo. La pregunta que surge aquí para no llegar a esa etapa en la cual es mucho más difícil encontrar soluciones es, ¿qué hacer y cómo abordar los problemas de pareja? A continuación, se describen algunas claves:

Reconocer que existe un problema y estar dispuesto a dialogar para solucionarlo. Mientras más pronto te hagas cargo de él, más fluida será la solución.

Comprender que los problemas se desarrollan en la interacción con la pareja. Ambos tienen un grado de responsabilidad. Una pregunta que cada uno puede formularse al comienzo es ¿qué estoy haciendo yo que promueve y que mantiene el problema?

Estar dispuesto(a) a dialogar, sin culparse o culpar al otro. Esto no ayuda a solucionar, por el contrario, provoca mucha rabia con efectos inmediatos de rechazo frente a cualquier propuesta.

Tomar en cuenta que, dialogar significa escuchar el punto de vista del otro y exponer el nuestro para que, juntos consigan llegar a un acuerdo orientado a solucionar el problema. Dialogar no contempla la idea de exigir a la pareja que haga lo que uno "quiere o cree que es correcto". Tampoco incluye recriminarlo. Cuando críticas, levantas una muralla.

Para dialogar, hazlo cuando te sientas tranquilo, no enojado. Escoge un lugar libre de interrupción y dedícate con una disposición respetuosa, amorosa, empática y sin prisa. Esto te ayudará a escuchar y comprender mejor lo que tu pareja tiene que decir. A su vez, te permitirá a ti, expresarte mejor.

Tener presente que los problemas se mantienen porque insistimos en hacer más de lo mismo. Si descubres que aquello que estás haciendo, no tiene los efectos deseados, no insistas. Quizás es tiempo de consultar a un profesional.

"Es mejor recordar que hicimos todo lo posible por enfrentar las dificultades y resolver los problemas, que recordar con pesar que fuimos cobardes e incapaces". 

Moira Sanhueza | Psicoterapeuta | Coach Estratégico | Santiago, junio de 2026